Tengo que recordarlo, pero solo la escritura. Me doy cuenta que de él no me puedo olvidar. Está ahí: todo con lo bueno que su boca tiene y lo malo. Lo espio desde la ventana. O lo miro y me pellizco para no darme cuenta que realmente es real.
Tengo que dejar de mirarlo, pero también quisiera entenderlo.
Se ven las manos que te escarban el vientre, las infinitas manos y palos que te escarban. Se ven los que te sacan pero nunca los que te dan. ¿Por qué la generosidad ajena no es detectable?
Tengo que acordarme de escribir sobre ese container porque ya nunca podré olvidarlo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario